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FUNCIONARIOS DE PRISIONES DESBORDADOS
El número de presos se ha multiplicado por 10 frente a las incorporaciones de funcionarios Desde 1999 el número de presos, dependientes de la Dirección General de II.PP. (excluida Cataluña), a aumentado en 13.207, lo que representa un incremento del 34,54%. Por contra, el número de funcionarios ha aumentado un 7,95% (1.362) dedicándose gran número de ellos a actividades administrativas.
El personal penitenciario ve agravada su situación profesional en los últimos años debido a las excesivas cargas de trabajo a las que se ve sometido; teniendo en cuenta que soportan unas tasas de hacinamiento de internos que, a fecha 1 de octubre de 2.004, alcanza el 161% de ocupación al existir 51.440 internos dependientes de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias para 31.922 plazas funcionales distribuidas en 66 centros penitenciarios.
La dureza del medio penitenciario
847 funcionarios han sufrido agresiones de internos desde el año 2000, de las cuales 52 han sigo muy graves.
Más de 465.000 infracciones disciplinarias de la población reclusa en el periodo 1.990-2.001
Los trastornos psíquicos derivados del trabajo han sustituido a los males físicos en los últimos años entre los trabajadores de prisiones. Se ha transformado el estrés ocasional en algo crónico o síndrome del trabajador quemado -“burn out”-. Estos males, que se derivan de la responsabilidad con la que los funcionarios de prisiones se enfrentan en su puesto de trabajo, los están sumiendo en trastornos psicológicos irreparables que les conlleva a la “jubilación por incapacidad”.
A pesar de recogerse en un informe técnico en el año 1995 la incidencia del medio penitenciario en los trabajadores, la Administración no ha acometido ningún tipo política preventiva específica en materia de salud laboral. En este estudio denominado “Informe de Condiciones de Trabajo en los Centros Penitenciarios y propuesta de actuación”[1], se obtuvieron los siguientes datos respecto a la salud psíquica de los trabajadores penitenciarios:
@ El 60,7% de los trabajadores sufren stress. @ El 64,2% fatiga mental. @ El 42,8% angustia y ansiedad. @ El 25% miedo a enfrentarse al trabajo. @ El 41,9% alteraciones del sueño. @ El 37% considera que el trabajo deteriora sus relaciones sociofamiliares. Incluso el 5,8% reconoce que consume alcohol, el 3,5% psicofármacos y el 71,4% afirma que su consumo de tabaco se ve incrementado por el trabajo. La especial penosidad de las funciones de vigilancia en el interior de los centros penitenciarios hace altamente inadecuado, tanto por motivos de salud laboral, de rendimiento en el puesto de trabajo y de eficacia administrativa, el desempeño de dichas funciones a lo largo de 30 o más años de servicio, sin que existan puestos o tareas adecuados que atribuir al personal que se encuentra en dicha situación. Para hacerse una idea de la dureza del medio al que se enfrenta el personal penitenciario es suficiente ver los incidentes graves producidos en las prisiones españolas en el periodo comprendido entre 1990 a 2.004:
(1) No contabilizados datos de 1992-1994. (2) No contabilizados datos de 1995. (3) No contabilizados datos de 1990-1994. (4) No contabilizados datos de 1993-1994. (5) No contabilizados datos de 2002-2004. (*) Datos de 2004 se refiere al primer semestre del año.
Evidentemente, tal como se recoge en el cuadro superior, el quehacer diario en los Establecimientos Penitenciarios provoca un importante desgaste que debemos analizar desde una doble perspectiva: .- Por un lado, el desgaste físico que se acumula con los años de servicio, al desempeñar el trabajo diario en régimen de turnos y en condiciones de trabajo muy duras; .- Por otro, el desgaste psicológico de una profesión que se basa en las relaciones humanas con la población reclusa en una Institución cerrada generadora de tensión. De esta forma en los últimos años se ha identificado al profesional penitenciario con el síndrome de Burnout (o efecto quemado), enfermedad de la que existen numerosos estudios. De esta forma, el informe elaborado por el prestigioso Doctor García-Andrade y titulado "El Síndrome de Burnout: la enfermedad de los funcionarios de prisiones", establece textualmente: "Al ambiente penitenciario propiamente dicho hay que añadir el carácter alterativo de la Administración con su defectuosa organización de tiempos vacíos, órdenes contradictorias, ambigüedad y equívocos que, junto a su desatención favorecen aún más el Burnout del funcionario, circunstancias que en empresas de seguridad, si se llevase a cabo la supuesta privatización carcelaria, no sería tolerable, ya que hay que entender que la patología del Burnout se corresponde con una enfermedad profesional más, para impedir este estado final del funcionario afectado por este síndrome como una personalidad de cáscara hueca, que ha quemado todo su interior" La dureza del trabajo en un Centro Penitenciario también queda reflejada con los siguientes datos, en relación con las jubilaciones y fallecimientos de los funcionarios penitenciarios en el período 1.991 a 2.003
Las consecuencias de la tabla anterior son absolutamente desoladoras: ü Desde 1.990 al 2.003 se han multiplicado por cuatro las jubilaciones por incapacidad para el servicio; ü En este mismo periodo, las jubilaciones por alcanzar la edad reglamentaria se han reducido a la mitad; ü En muchas anualidades se equiparan las cifras de fallecidos con las de jubilaciones por edad.
El envejecimiento de los funcionarios El 57 % de los funcionarios tiene más de 40 años y sólo el 5,7% tiene menos de 30 años
PIRÁMIDE DE EDADES DEL PERSONAL PENITENCIARIO EN EL AÑO 1.995.
PIRÁMIDE DE EDADES DEL PERSONAL PENITENCIARIO EN EL AÑO 2.004
EVOLUCIÓN DE EDADES DEL PERSONAL PENITENCIARIO. AÑOS 1.995 A 2.004 POR PORCENTAJES
De los datos anteriores se desprende que en los últimos 9 años se ha invertido la pirámide de edad de los funcionarios penitenciarios: è Mientras en el año 1.995 el 78,89% del personal tenía una edad inferior a los 40 años, en la actualidad sólo nos encontramos con un 43%. è Por el contrario, el envejecimiento del personal es absolutamente evidente; así en 1.995 sólo existía un 21,11 por encima de los 40 años de edad, en la actualidad nos elevamos hasta un 56,96%. è El mayor incremento ha sido el de la horquilla de 40 a 50 años, desde el momento en que prácticamente se ha triplicado desde 1.995 hasta el 2.004. è Casi la mitad de los funcionarios en la actualidad se encuentran en la horquilla de 40 a 50 años. Esta espectacular progresión va a seguir incrementándose de forma geométrica, desde el momento en que si analizamos los efectivos que han llegado a la Institución desde 1.995, vemos que casi han ingresado 5.000 nuevos funcionarios cifra que, a nuestro entender, no se va a mantener en el tiempo.
Además es importante destacar como se puede observar una edad de ingreso mayor en los últimos años de las ofertas de empleo público, desde el momento en que no se exige una edad mínima para acceder a la Institución Penitenciaria. Las consecuencias o lectura de estos datos deben analizarse desde una doble perspectiva: .- A corto-medio plazo (hasta el 2.014) se dispondrá de unos recursos humanos que permitirán cumplir con la prestación del servicio público encomendado, si bien con ciertas limitaciones; .- A largo plazo (a partir del 2.014) los recursos humanos de la Institución se encontrarán en el intervalo de edad de más de 40 a 50 años en más de un 30% y en el de más de 60 años en un 55%. Esta circunstancia, unida a la clara consecuencia de ausencia de promoción profesional en los próximos 15 años, supone que la inmensa mayoría de los funcionarios que prestan su servicios en el interior de las prisiones, llevaran más de veinte años de en contacto diario y directo con la población reclusa problemática, y sometidos a un trabajo a turnos y una tensión acumulada prácticamente insostenible. Lamentablemente esta situación de no adoptarse medidas urgentes supondrá una quiebra total de la Institución Penitenciaria por falta de recursos humanos adecuados, ya que los datos existentes en relación con el grupo de edad de funcionarios de más de cuarenta años y más de veinte de servicios se caracteriza por una elevada tasa de absentismo laboral y que ya se ve reflejada en el espectacular incremento de las jubilaciones por incapacidad para prestar el servicio. Si comparamos los datos de edad de los funcionarios penitenciarios, con los generales de la encuesta de la población activa, podemos comprobar como el envejecimiento de los profesionales de nuestro medio son mucho más acusados. De esta forma, el marco de edad de la población activa española menor de 44 años es de un 69,8%[2]; en cambio, en Instituciones Penitenciarias únicamente el 43,04% de los funcionarios es menor de 40 años. Madrid a 29 de octubre de 2004 [1] Informe realizado durante 1.995 mediante una muestra en 20 centros penitenciarios sobre 4.676 trabajadores, mediante la realización de 886 encuestas, más un 10% de sobre muestreo por seguridad. El intervalo de confianza técnico es superior al 95%, con una precisión de + 3% para una fórmula p=q. [2] Según datos de mayo 2.004 del Instituto Nacional de Estadística. |
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